Congreso Internacional de Educación 2025

Actualidad Pedagogía PUCV

CNA acredita por tres años al Programa de Prosecución de Estudios de la Escuela de Pedagogía PUCV, el máximo para programas nuevos

La decisión, adoptada por unanimidad por la Comisión Nacional de Acreditación, estará vigente desde el 23 de septiembre de 2026 hasta el 23 de septiembre de 2029 y comprende las carreras de Pedagogía en Educación Media en Artes Visuales y Pedagogía en Educación Media en Religión y Moral. El resultado se suma a la trayectoria de aseguramiento de la calidad de la Escuela de Pedagogía, respaldada por las acreditaciones vigentes de sus carreras y programas de pre y posgrado.

De manera unánime, la Comisión Nacional de Acreditación (CNA) acreditó por tres años al Programa de Prosecución de Estudios Profesor en Educación Media de la Escuela de Pedagogía de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso (PUCV). El resultado corresponde al máximo periodo de acreditación al que puede acceder un programa nuevo y constituye un primer hito en el desarrollo de esta propuesta formativa, cuya primera cohorte ingresó en 2025.

La acreditación estará vigente desde el 23 de septiembre de 2026 hasta el 23 de septiembre de 2029 y comprende las carreras de Pedagogía en Educación Media en Artes Visuales y Pedagogía en Educación Media en Religión y Moral. Para la Dra. Jessica Medina, jefa de carrera del Programa de Prosecución de Estudios, el resultado adquiere especial relevancia por tratarse del primer proceso de acreditación del programa y por haber alcanzado el máximo periodo correspondiente a esta etapa de su desarrollo.

Respecto de los aspectos de la propuesta formativa que fueron especialmente relevantes en este primer proceso de acreditación, Medina señala que “la principal fortaleza del modelo formativo radica en que reconoce las trayectorias previas de nuestras y nuestros estudiantes como un recurso para la formación docente, pero al mismo tiempo las somete a un proceso de resignificación pedagógica. Nuestros estudiantes no llegan al programa sin experiencia; llegan con conocimientos disciplinares, experiencias universitarias, laborales y vitales diversas. El desafío formativo consiste, entonces, en transformar ese capital previo en conocimiento profesional para enseñar”.

A lo anterior, la profesora Jessica Medina suma el papel que cumple la formación práctica dentro del modelo.“Las prácticas no aparecen al final de la formación como un espacio de aplicación de lo aprendido, sino como un espacio donde el conocimiento profesional se construye, se problematiza y se transforma. La reflexión sobre esa experiencia permite que nuestros estudiantes avancen desde sus concepciones iniciales sobre enseñar y aprender hacia una identidad profesional docente más consciente, ética y situada”.

La calidad puesta a prueba desde el inicio

Con una duración de tres semestres, el programa está dirigido a personas que cuentan previamente con un título profesional o grado académico de licenciatura en un área disciplinar afín y buscan adquirir la preparación pedagógica necesaria para ejercer la docencia en Educación Media. Desde su puesta en marcha, la propuesta ha incorporado mecanismos de diagnóstico y acompañamiento académico, tutorías, acciones de nivelación y procedimientos de seguimiento que permiten monitorear progresivamente el avance de sus estudiantes hacia el perfil de egreso.

Uno de los elementos centrales del modelo evaluado en este primer proceso de acreditación es el reconocimiento de las trayectorias académicas y profesionales de quienes ingresan. A partir del conocimiento disciplinar que sus estudiantes ya poseen, el programa concentra su itinerario en el desarrollo de los saberes pedagógicos, didácticos y profesionales necesarios para el ejercicio docente. A ello se suma una formación práctica que se desarrolla progresivamente durante los tres semestres y que permite vincular estos aprendizajes con la experiencia en contextos educativos reales.

Tres años para avanzar en la consolidación

La acreditación abre, de este modo, un periodo claramente delimitado para el Programa de Prosecución de Estudios. Hasta septiembre de 2029, el desafío será avanzar desde la puesta en marcha y su primera evaluación externa hacia una etapa marcada por la evidencia de sus resultados, el seguimiento de sus primeras generaciones y el perfeccionamiento continuo de una vía de formación docente que reconoce trayectorias profesionales previas y las proyecta hacia el ejercicio pedagógico.

En este proceso, el Componente Pedagógico de la Escuela de Pedagogía cumple un rol central, tanto por su participación en la creación y fundamentación académica del Programa como por la responsabilidad de acompañar su desarrollo y analizar de manera permanente su pertinencia formativa. Desde esa responsabilidad, el Dr. José Miguel Olave, jefe del Componente Pedagógico, identifica tres ámbitos que resultarán especialmente relevantes durante esta nueva etapa.

El primero se relaciona con producir conocimiento sobre una característica distintiva de este modelo formativo: el tránsito desde una identidad disciplinar previamente construida hacia una nueva identidad profesional docente. «En el caso de los estudiantes de arte, por ejemplo, se han formado como artistas y ahora deben transitar hacia ser profesores y profesoras de arte. Comprender e investigar ese proceso es muy relevante, porque la evidencia que generemos también nos permitirá fortalecer la implementación del propio Programa”, explica el profesor Olave.

Un segundo desafío estará en profundizar la relación con las escuelas socias, entendidas no únicamente como espacios que reciben a estudiantes en práctica, sino como actores que participan activamente de su formación. Desde esta perspectiva, el profesor José Miguel Olave destaca el concepto de “centros de experimentalidad”, que sitúa a los establecimientos como espacios donde la formación pedagógica se encuentra directamente con las dinámicas, necesidades y desafíos del sistema escolar. “Las escuelas socias son claves para nuestro programa. No son solamente receptoras de nuestros practicantes; son centros de experimentalidad en los que formamos a nuestros futuros profesores en los propios campos de práctica. Fortalecer esa relación también profundiza la bidireccionalidad de la vinculación con el medio, porque no solo aportamos desde la universidad, sino que también aprendemos de las escuelas y de lo que ocurre en ellas”, sostiene.

El tercer ámbito comenzará a adquirir mayor relevancia a medida que el Programa amplíe su trayectoria: el seguimiento sistemático de sus egresados. Con una primera generación ya formada, los próximos años permitirán observar su incorporación al sistema educativo y recoger información que, hasta ahora, por la propia juventud del Programa, todavía es incipiente. «Hoy contamos recién con una primera generación de egresados, pero progresivamente tendremos nuevas cohortes y podremos observar cómo se incorporan al sistema escolar, cuáles son los desafíos que encuentran y qué demandas surgen desde su propia experiencia profesional. Ese seguimiento será fundamental, porque también nos entregará evidencia para retroalimentar y enriquecer el Programa”, concluye Olave.

De este modo, los tres años que se abren con la acreditación no constituyen únicamente un periodo para acumular trayectoria. Representan la oportunidad de contrastar la propuesta formativa con evidencia proveniente de sus propios actores y contextos: las transformaciones que experimentan quienes transitan desde una disciplina hacia la docencia, los aprendizajes construidos junto a las escuelas socias y las trayectorias profesionales de quienes comienzan a ejercer como profesores y profesoras.

Una trayectoria institucional de aseguramiento de la calidad

El resultado se incorpora a una trayectoria más amplia de la Escuela de Pedagogía. Pedagogía en Educación Especial y Educación Parvularia cuentan con siete años de acreditación, y Pedagogía en Educación Básica, con seis. En el posgrado, el Magíster en Liderazgo y Gestión en Organizaciones Escolares (MLGOE) está acreditado por seis años y el Doctorado en Educación por tres, correspondiente al máximo aplicable a programas nuevos en su categoría. El Programa de Prosecución se suma ahora a este conjunto con el máximo periodo al que podía acceder en su actual etapa de desarrollo.

Para la Dra. Marta Quiroga, directora subrogante de la Escuela de Pedagogía, estos resultados responden a una forma de entender el aseguramiento de la calidad que acompaña permanentemente el desarrollo de los programas y no únicamente sus procesos de acreditación. “La calidad no se trabaja cuando se aproxima una acreditación. Es una tarea permanente que supone revisar lo que hacemos, escuchar a quienes participan de los procesos formativos y tomar decisiones a partir de evidencia. Nuestros programas tienen historias y niveles de desarrollo distintos, por lo que no se trata de aplicar una misma fórmula, sino de acompañar cada trayectoria con rigor, capacidad de análisis y disposición a mejorar. Esa cultura académica es la que permite sostener estos resultados en el tiempo”.

Esta trayectoria se desarrolla, además, en una universidad acreditada por siete años en nivel de excelencia y en una Escuela de Pedagogía que en octubre cumple más de seis décadas formando profesores. En ese marco, la acreditación del Programa de Prosecución no solo reconoce su primera etapa de implementación, sino que abre un nuevo ciclo, en el que será fundamental seguir a sus primeras generaciones, evaluar los resultados de su propuesta formativa y utilizar esa evidencia para continuar fortaleciendo el Programa.