La iniciativa, titulada «Habitar la palabra: creación artística y experiencia espiritual», se centra en la interpretación visual de la poesía de Gabriela Mistral y promueve una docencia que amplía el acceso a experiencias culturales, éticas y simbólicas, contribuyendo a una formación pertinente para contextos educativos diversos.
Las profesoras Jessica Medina, jefa de carrera del Programa de Prosecución de Estudios, y Maciel Morales, académica del mismo programa, se adjudicaron un proyecto en el Concurso de Creación de la Vicerrectoría de Investigación, Creación e Innovación (VINCI) de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso (PUCV). La adjudicación del fondo respalda una propuesta que vincula creación artística y formación pedagógica en relación con necesidades concretas del sistema escolar.

El proyecto, titulado “Habitar la palabra: creación artística y experiencia espiritual”, desarrolla un trabajo interdisciplinario en el que estudiantes del programa, tanto de Pedagogía en Educación Media en Artes Visuales y Pedagogía en Educación Media en Religión y Moral, colaboran con escolares de séptimo y octavo año básico. La iniciativa se centra en la interpretación y recreación visual de poemas del libro “Ternura” de Gabriela Mistral.
Lo anterior, a través del uso del kamishibai (teatro de papel de origen japonés), a través del cual, la lectura se convierte en una experiencia estética situada que desplaza el poema hacia lenguajes plásticos como la pintura, el collage y la ilustración. “En este proceso, la creación artística funciona como una forma de interpretación, ya que los estudiantes traducen los poemas en imágenes y obras visuales. Al mismo tiempo, los futuros docentes se forman en una práctica pedagógica situada, aprendiendo a mediar entre literatura, arte y experiencia”, explicó Masiel Morales.
Respecto del valor que adquiere trabajar con la poesía de Gabriela Mistral, Morales, agrega que “esta adquiere un valor fundamental, ya que permite vincular a los estudiantes con un patrimonio literario de gran densidad simbólica, ética y cultural, desde una experiencia significativa y cercana. La obra de Gabriela Mistral, caracterizada por su riqueza metafórica y su dimensión espiritual, ofrece un campo fértil para el desarrollo de la sensibilidad, la imaginación y la reflexión sobre la experiencia humana”, apuntó.
Sobre cómo dialoga este proyecto con el propósito formativo del Programa de Prosecución de Estudios y con la preparación de futuros docentes para contextos escolares diversos, Jessica Medina explica que “promueve una formación docente que integra saber disciplinar, sensibilidad pedagógica y compromiso con la diversidad de contextos educativos. A través de la vinculación con estudiantes del sistema escolar, los futuros docentes desarrollan experiencias concretas de mediación pedagógica, donde aprenden a diseñar e implementar estrategias que articulan arte, literatura y reflexión”.
Formación docente y pertinencia en el sistema escolar
El desarrollo de propuestas como esta se inscribe en un escenario marcado por brechas formativas persistentes y por la necesidad de fortalecer la presencia de docentes especialistas en áreas como Artes Visuales y Educación Religiosa. Aunque estas disciplinas suelen ocupar un lugar secundario en la jerarquía curricular, su aporte resulta decisivo para el desarrollo integral del estudiantado, pues favorecen la construcción de identidad, la expresión de la subjetividad y la comprensión del entorno social y cultural.
Sobre la necesidad de formar a niños, niñas y adolescentes en artes y en el ámbito religioso desde una perspectiva pedagógica, Jessica Medina explicó que “formar a niños, niñas y adolescentes en artes y en el ámbito religioso desde una perspectiva pedagógica es fundamental porque ambas áreas contribuyen al desarrollo integral de la persona, favoreciendo la expresión de la subjetividad, la construcción de identidad y la comprensión del mundo desde dimensiones simbólicas, éticas y culturales”.
“Las artes, en particular, permiten desarrollar el pensamiento creativo, la imaginación y la sensibilidad, mientras que la dimensión espiritual abre espacios de reflexión sobre el sentido, la experiencia humana y la convivencia. Desde una perspectiva de justicia social, garantizar el acceso a estas experiencias formativas es clave, ya que no todos los estudiantes tienen las mismas oportunidades de vincularse con bienes culturales y simbólicos. Por ello, su inclusión en la educación escolar contribuye a reducir brechas, ampliar horizontes culturales y asegurar una formación más equitativa y significativa”, agregó Medina.
El Programa de Prosecución de Estudios responde a esta necesidad mediante una propuesta que transforma trayectorias disciplinares previas en capacidades pedagógicas orientadas a contextos diversos. Su finalidad no consiste solo en habilitar el ejercicio docente, sino en formar profesionales capaces de intervenir en escenarios educativos complejos, reconocer desigualdades y desarrollar estrategias de enseñanza pertinentes.
En determinados contextos, la formación artística y la educación en el ámbito religioso pueden aportar de manera significativa al desarrollo de niños y niñas. Ambas permiten ampliar horizontes culturales, fortalecer la convivencia, favorecer procesos de reconocimiento y ofrecer herramientas para reducir brechas asociadas al acceso desigual a experiencias simbólicas y formativas.
En esa línea, el proyecto adjudicado fortalece la orientación del programa al vincular a futuros docentes con estudiantes del sistema escolar en una experiencia concreta de creación. Ese vínculo permite ensayar prácticas pedagógicas que integran saber disciplinar, sensibilidad estética y atención a la experiencia de los sujetos, configurando un espacio formativo en el que teoría y práctica se encuentran de manera efectiva.
Proyección formativa y desarrollo del proyecto
Actualmente, la iniciativa se encuentra en una etapa de desarrollo conceptual, sustentada en experiencias previas de mediación artística y literaria en contextos educativos. Entre los resultados proyectados se contempla la creación de una serie de obras visuales elaboradas por los estudiantes, junto con el registro sistemático del proceso creativo y la realización de una exposición que permita compartir con la comunidad educativa las interpretaciones visuales de la obra poética de Gabriela Mistral.
En este sentido, “Habitar la palabra” constituye una expresión concreta de una concepción de la formación docente orientada a la ampliación de derechos, al reconocimiento de la diversidad y a la construcción de experiencias educativas significativas. Su desarrollo permite observar cómo una definición formativa se traduce en prácticas que inciden de manera directa en la calidad y en el sentido de la educación escolar.